La disposición
por aprender de los alumnos hasta la llegada del nuevo preceptor no era buena. Los
alumnos no demostraban intereses, deseos, necesidades ni preocupación por el
aprendizaje debido a la imposición del sistema educativo del instituto.
Dentro de los
obstáculos que no permitían la adquisición del conocimiento, destacamos que la represión,
transgresiones, castigos y violencia no conllevan a ningún resultado auténtico,
ya que solo servían para sembrar rencor, opacar los sueños, expectativas e
intereses de los niños allí internados, bajando su autoestima y desmotivándolos.
La falta de comunicación entre las autoridades y los
alumnos dificultaba el nivel de complejidad del nuevo conocimiento por lo cual
el grado de dificultad se hacía cada vez mayor para estos niños, ya que la
forma de adquisición del conocimiento hasta en ese entonces consistía en el
castigo y los alumnos eran sancionados a través de la violencia física, sin
ningún tipo de compasión ni contemplamiento.
Personalmente considero
que este vínculo profesor – alumno era desfavorable en el proceso de
aprendizaje ya que en la construcción de la educación es necesario el apoyo del
docente como intermediario, cumpliendo el rol de educador, de constructor de
conocimientos con los alumnos, de modelo de sus estudiantes, y no imponiéndose
como una dictadura amenazante y temerosa donde no existe la participación y dónde
se deben hacer las cosas por obligación, sin derecho a opinar, porque el que no
cumple las reglas será sancionado severamente.
Creo que para
formar a una persona se le debe enseñar o más que enseñar se les debe entregar
tolerancia, comunicación, respeto, solidaridad, responsabilidad, se debe
convivir en un respeto mutuo.
Posteriormente,
el nuevo preceptor comienza a llevar a cabo un cambio en estos niños, motivándolos, eliminando
la violencia, aplicándoles sanciones que tienen un aprendizaje significativo, y
así poco a poco se va ganado el cariño y respeto de los niños.
Gracias a esta nueva
metodología los niños relacionan sus vivencias a los conocimientos que van
adquiriendo formando un coro y, gracias al poder y la magia de la música, el
maestro logra que la vida de sus alumnos cambien para siempre, alcanzando así
los anhelos de cada uno, dándoles la oportunidad de soñar y ver que la vida no
es solo sufrimiento, que existen otras cosas, que hay felicidad y que el que
quiere conocerla debe luchar para alcanzarla.
Finalmente, el vínculo profesor – alumno se va
fortaleciendo y de esta manera contribuyendo de manera positiva en el proceso
de aprendizaje de los alumnos.

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